Frahn Cuváz es actor, músico y criatura escénica de procedencia múltiple, lo cual en el universo Ubú no solo es una virtud, sino casi un requisito administrativo. Su trayectoria combina interpretación, música, palabra, presencia y una saludable tendencia a moverse entre disciplinas como quien pasea con absoluta naturalidad por un reino donde el disparate ocupa cargos oficiales.
Su formación reúne territorios diversos: estudios de Filología Inglesa, Técnico Superior en Sonido y Psicología, a lo que suma formación interpretativa en escuelas y talleres como El Submarino, La Imprenta, Corta el Cable Rojo y la EMAD. También ha trabajado la locución y la escritura para musicales, ampliando así su relación con la voz, el texto y la maquinaria invisible del escenario.
En teatro ha participado en montajes como El cianuro, ¿solo o con leche?, El viaje de Pedro el Afortunado, Es cuento largo, Aquí no paga nadie, El fracaso, Romeo y Julieta, El enfermo imaginario y Enrique IV, encarnando personajes de registros muy distintos, desde lo cómico hasta lo clásico, pasando por esa zona intermedia donde el actor empieza a sospechar que toda existencia tiene algo de representación.
Ha desarrollado también un recorrido propio en el terreno del monólogo, actuando en distintas salas de Madrid, y una trayectoria paralela y muy viva en la música, como compositor, cantante e instrumentista en proyectos como Lugoshi, Void, Cruelty Without Beauty, Nane, 13 Bites, La broma negra, The Lone Jacks y su propio proyecto, Frahn Cuváz, donde despliega una relación particularmente estrecha con la guitarra, el bajo, la batería, los teclados y el temblor sonoro de las cosas.
De modo que su llegada al universo de:
¡UBÚ! CUERNOS EN EL CULO Y VIVA EL REY
parece no ya natural, sino prácticamente inevitable.
Porque Frahn no solo actúa: también escucha el ruido secreto del escenario, afina el caos, ordena el disparate y convierte la miedra en materia sonora, escénica y ceremonial.
En el reino de Ubú, donde todo puede coronarse por accidente, Frahn Cuváz comparece como una figura idónea para custodiar lo absurdo.
Y si el caos hace ruido, mejor que le encuentre bien afinado.
